Con sus hojas de alambre
me miran
(ya me veo olvidado)
A veces amanezco y amo
lo que no tengo.
Son más tristes los muelles
los lentos crepúsculos
los pinos el viento
sobre las aguas errantes.
domingo, 3 de marzo de 2013
I
La noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño,
se desciñe la niebla en figuras danzantes,
en los oscuros pinos se desenreda el mar lejano.
Hasta mi alma está húmeda.
La luna hace girar su rodaje de sueño,
se desciñe la niebla en figuras danzantes,
en los oscuros pinos se desenreda el mar lejano.
Hasta mi alma está húmeda.
Estácio, día de feria
Los puestos se arman antes de las siete de la mañana. Los vendedores acomodan la mercadería: la seleccionan, la cortan, la separan en bolsitas o platitos, se gritan y se ríen con los de los puestos más cercanos. hay frutas, verduras, pescados, quesos, plantas y bombachas.
Al final del recorrido, dos chicos remontan barriletes. Otros dos corren y se esconden en los brazos de un adulto, sentado en la puerta de un boteco. En la vereda se doran los espetinhos y el olor de la carne asada contribuye con lo familiar del barrio.
Un grupo de hombres juega a las cartas. la mesa a veces ni siquiera es una mesa, sino unos carreteles de madera donde se enroscan los cables. Cambian los jugadores pero no la escena, indiferente al tiempo. Algunos curiosos miran de pie, atentos.
Un incienso perfuma la cuadra y un gato se relame al lado de una estatuilla del Preto Velho.
Una zamba
El sol amable
calienta el río
de agua clara.
Las hojas verdes
saludan suaves
a los pájaros.
Canciones frescas
besan el aire
de la mañana.
La luna espía
del otro lado
y espera, blanca.
calienta el río
de agua clara.
Las hojas verdes
saludan suaves
a los pájaros.
Canciones frescas
besan el aire
de la mañana.
La luna espía
del otro lado
y espera, blanca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)